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Autoimagen, autoconcepto y autoestima

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Autoimagen, autoconcepto y autoestima, ¿qué son y cómo influyen en mi vida y en la de mis hijos? El autoconcepto es una evaluación más completa que incluye, además de la imagen, las creencias, valores, habilidades, fortalezas, defectos, etcétera. En cambio, la autoimagen comienza en la infancia temprana, pero es más relevante en los primeros años de adolescencia al ser conscientes de la individualización y el sentido de pertenencia a grupos sociales.

Lorena Worzel, psicoterapeuta Gestalt*

Para acotar semánticamente la diferencia, autoimagen se refiere a la imagen mental que una persona tiene de sí misma como sus características personales. El autoconcepto es una evaluación más completa que incluye, además de la imagen, las creencias, valores, habilidades, fortalezas, defectos, etcétera.

En cambio, la autoimagen comienza en la infancia temprana, pero es más relevante en los primeros años de adolescencia al ser conscientes de la individualización y el sentido de pertenencia a grupos sociales. Tanto la autoimagen como el autoconcepto van cambiando en el acontecer de las diferentes etapas de la vida, el concepto que teníamos hace un año, es distinto al que tenemos ahora de nuestra persona; se van actualizando con las experiencias, interacciones y comparaciones.

Una de las formas de fortalecer la autoimagen (que aplica para adolescentes y adultos) es estar abierto a las experiencias que los enfrentan “a algo nuevo”, lo que demanda explorar nuevas habilidades y cualidades personales. Reflexionar sobre lo sucedido, analizar, aceptar y confirmar nos ayuda a reconocernos y actualizarnos en el autoconcepto.

Ambiente controlado

Todas las experiencias que vamos teniendo en la vida, ya sean elegidas o impuestas, cumplen el propósito de contribuir al modelaje de la persona en la que nos vamos convirtiendo.

Cuando el adolescente está en proceso de desarrollo, los padres pueden promover nuevas experiencias y ayudarlos a que se animen a vivirlas en un ambiente controlado y seguro bajo su cuidado parcial, y animarlos aún con miedo o vergüenza o cualquier otra emoción presente.

La función de la autocrítica permite visualizar el escenario ideal vs. el real. A través de ella nos damos cuenta de las habilidades necesarias para fortalecer o considerar en experiencias similares futuras. Lo relevante es utilizarla para esta función y evitar convertirla en parte del discurso interno permanente. La autocrítica es una herramienta que nos permite identificar lo que es necesario para poder trabajarlo, si nos quedamos inmerso en ella, el riesgo es mermar nuestra autoestima.

Mundo interno y externo

Están íntimamente ligadas, la autoimagen o autoconcepto impactan en la autoestima. Ambas se construyen en el mundo interno y externo en diferentes proporciones. En el caso de los adolescentes, los padres, que son la referencia externa ayudan a los chicos a modelar la autoestima independientemente si logran o no las actividades que la escuela o la sociedad les demanda.

Cuando una persona tiene la certeza de que es amado por ser quien es y no por lo que hace, el autoconcepto y la autoestima son sanos y nos lleva a la autoaceptación: en ese punto, se reconocen mis fallas, se trabaja en ellas, se enfrenta a situaciones para dar lo mejor de sí, y aún con sus equivocaciones, se acepta como es.

Una sana autoestima

La crítica y el juicio permanente son letales para la autoestima de adolescentes y adultos. Cuando utilizamos la crítica de manera asertiva, la analizamos y hacemos un plan para modelar lo necesario, y nos desvinculamos, ése es el terreno de una sana autoestima. Por tanto, es importante hacerle saber a los hijos desde la infancia que su amor no está condicionado a los logros, la aceptación que tienen hacia ellos es incondicional, ese elemento es clave para la construcción de la autoestima.

A manera de conclusión, un adulto que no trabaja en su amor propio, difícilmente puede modelar una construcción de autoestima sana para los jóvenes. Es necesario hacernos responsables primero de nuestro trabajo personal para ejercer una crianza sana y amorosa, basada en la aceptación y no en la competencia; para los adultos sin hijos, observar y escuchar el mundo externo, es clave para ejercer una crítica sana y, al mismo tiempo, una buena autoestima.

*Lorena Worzel tiene el grado de maestra en Psicoterapia Gestalt por el  Instituto Humanista Psicoterapia Gestalt, su práctica privada la enfoca en la atención de  adolescentes y  adultos. “Mis recursos profesionales y académicos están al servicio de la relación terapéutica, que de manera general pretende recuperar la capacidad de toma de decisiones a través de la responsabilidad personal, el manejo de la ansiedad y el reconocimiento emocional y cognitivo”, así describe su gestión en consultorio.

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Favor de escribir al correo: columna.invitada@mundofarma.com.mx

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