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La salud como bien global

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En un mundo marcado por la fragmentación geopolítica y la relocalización industrial, la salud emerge como un terreno fértil para la cooperación internacional. Esta columna explora cómo los dispositivos médicos, la diplomacia tecnológica y la colaboración multisectorial pueden posicionar a México como un eje estratégico de bienestar global.

Carlos Salazar Gaytán

Durante los primeros meses de la pandemia, los países con grandes capitales y mayor capacidad en manufactura médica acapararon productos terminados y materias primas. Tal fue el caso de los cubrebocas, antisépticos, germicidas, pruebas de diagnóstico, microchips y componentes esenciales para la creación de ventiladores. En muchos casos, las naciones restringieron las exportaciones de estos bienes, impidiendo que empresas fabricantes locales pudieran abastecer a otros países sin antes satisfacer la demanda nacional. Esta dinámica dejó en evidencia un problema crítico: la salud no estaba concebida como un bien global, sino como un activo estratégico bajo control nacional.

La pandemia nos recordó que los problemas de salud no reconocen fronteras. Sin embargo, el mundo que emergió de esa crisis ha entrado en una paradoja: mientras la ciencia, la digitalización y la tecnología médica nos interconectan como nunca antes, el entorno geopolítico se fragmenta a pasos acelerados. En ese contexto, es momento de preguntarnos: ¿cómo garantizamos que el acceso a la salud siga siendo un bien compartido y no un privilegio geopolítico?

Relaciones internacionales como columna vertebral

Hoy la diplomacia no se negocia solo con petróleo o con tratados militares; se negocia con innovación, con intercambios de tecnología, con marcos regulatorios compartidos y con estándares de calidad internacional, con integración manufacturera y con alianzas productivas.

Gracias a acuerdos como el T-MEC, América del Norte se ha posicionado como la región más influyente del planeta en dispositivos médicos, concentrando el 38% de las decisiones de compra global. Se trata de una industria que representa más de 30 mil millones de dólares (mmdd) anuales en comercio solo entre México, Estados Unidos y Canadá.

Este liderazgo ha sido posible gracias a la integración de talento, insumos críticos, la homologación de estándares técnicos y un ecosistema colaborativo entre academia, industria y gobierno. Sin embargo, aún hay barreras importantes. La armonización regulatoria, la interoperabilidad tecnológica y la cooperación científica no siempre avanzan al ritmo de los desafíos sanitarios globales. Para que la salud se consolide como bien universal, necesitamos fortalecer estos puentes institucionales y técnicos que permiten la libre circulación del conocimiento, la tecnología y los insumos médicos.

La salud como diplomacia activa

Cada encuentro internacional sobre innovación médica demuestra que la salud puede funcionar como idioma común entre naciones. Embajadas, delegaciones y representantes de miles de marcas confluyen en espacios de diálogo donde no solo se exhiben productos, sino que se tejen vínculos, se comparten soluciones y se generan rutas de cooperación multisectorial.

Delegaciones diplomáticas, asociaciones y representantes institucionales construyen soluciones a problemas compartidos: mejorar el abastecimiento hospitalario, relocalizar cadenas de suministro, facilitar la capacitación médica continua y democratizar el acceso a tecnologías.

En este marco, México tiene una oportunidad histórica. No solo como mercado, sino como hub estratégico de manufactura, innovación y exportación de tecnología médica. Nuestra posición geográfica, experiencia industrial y apertura al diálogo internacional nos colocan como plataforma natural de integración regional y global para lograr ubicarnos como el quinto exportador de dispositivos médicos en el mundo.

No se trata únicamente de atraer inversión, sino de generar un ecosistema que acelere la transferencia de tecnología, estandarice procesos y promueva la interoperabilidad entre sistemas sanitarios. Es, en esencia, una apuesta por la diplomacia sanitaria como vehículo de desarrollo.

Hacia una visión común de la salud

La próxima frontera de la salud no es solo tecnológica o territorial. Es humana, política y ética. Se trata de entender que cada dispositivo médico que cruza una frontera es también un gesto de confianza, un puente entre necesidades y soluciones, una apuesta por el futuro colectivo.

Si aspiramos a un mundo más justo, resiliente y sostenible, debemos hacer de la salud un verdadero bien global. Y eso no ocurre de forma espontánea: requiere alianzas, visión compartida, voluntad política y compromiso industrial.

Incluso en tiempos de fragmentación, la colaboración internacional sigue siendo nuestro mejor aliado. La salud no puede ni debe entenderse como un bien nacional. La salud es y debe ser el bien común de la humanidad.

Carlos Salazar Gaytán

Carlos Alejandro Salazar Gaytán es un destacado líder en la industria de dispositivos médicos en México, con más de una década de experiencia en el sector. Actualmente, se desempeña como presidente de la Asociación Nacional de Proveedores de la Salud (ANAPS) y es director general de Medical Expo, el evento más relevante del país en el ámbito de la salud. A lo largo de su trayectoria, ha promovido activamente la colaboración entre los sectores público y privado para fortalecer el ecosistema de salud, impulsar la innovación tecnológica y posicionar a México como un actor clave en la manufactura y exportación de dispositivos médicos a nivel global. Su liderazgo ha sido fundamental para visibilizar los desafíos y oportunidades de la industria, especialmente en temas de regulación, talento especializado y nearshoring.

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