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Una herida de origen: el reto silencioso del ISSSTE

Columna Desde el Legislativo

“El ISSSTE en crisis, la atención médica deficiente”:

Anónimo

El ISSSTE arrastra un déficit estructural desde su creación, lo que compromete su sostenibilidad financiera y limita el acceso efectivo a servicios de salud para millones de personas. El envejecimiento poblacional y las enfermedades crónicas agravan un panorama ya crítico. Se requieren reformas urgentes.

Dr. Éctor Jaime Ramírez Barba

Hablar del ISSSTE es hablar de millones de mexicanas y mexicanos que, día tras día, esperan que el Estado cumpla la promesa de brindar servicios de salud dignos, oportunos y de calidad. Sin embargo, la realidad es que el ISSSTE enfrenta un reto mayúsculo: está desfinanciado de origen y opera en un sistema de salud fragmentado y profundamente desigual. Esto no solo limita su capacidad de cumplir con su mandato constitucional, sino que pone en riesgo el derecho a la salud de millones, especialmente en las regiones más pobres y marginadas del país.

Déficit estructural desde su nacimiento

Para entender la gravedad del problema, hay que partir de un dato contundente: el Seguro de Salud del ISSSTE nació con déficit. ¿Por qué? Porque las cuotas y aportaciones establecidas desde su fundación solo consideraron el costo de atender al trabajador titular, dejando fuera el costo real de atender también a sus familiares y, sobre todo, a los pensionados, quienes no están obligados a aportar. Así, desde el primer día, el ISSSTE ha tenido que hacer más con menos… o con cada vez menos.

Hoy, de cada 100 pesos que se gastan en salud en el ISSSTE, solo 19 provienen de las cuotas de los trabajadores. El resto, 81 pesos, los aporta el Gobierno Federal. En el caso de los pensionados, la situación es más crítica: apenas tres centavos de cada peso provienen de aportaciones; el resto proviene del erario público. Esta estructura es insostenible ante el envejecimiento acelerado de la población derechohabiente.

Una bomba de tiempo financiera

El déficit financiero del ISSSTE se agrava cada año. Para 2025, se estima un déficit de 13,743 millones de pesos; en 2026, de 16,767 millones; y para 2027, de 19,907 millones. Aunque existen reservas financieras por casi 98 mil millones de pesos, se prevé que estas se agoten en 2030. Y si no se toman medidas de fondo, para 2050 el ISSSTE requerirá recursos adicionales por 134,714 millones solo para cubrir el déficit del seguro de salud.

Sin duda, la raíz del problema es demográfica: en 2010 había 3.3 trabajadores activos por cada pensionado; en 2023, la proporción bajó a 2.3 y seguirá cayendo. Habrá menos trabajadores para financiar la atención de más pensionados, lo que obligará al Gobierno Federal a incrementar sus aportaciones extraordinarias a tasas de dos dígitos anuales.

Envejecimiento y enfermedades crónicas

Así, el panorama se complica con la transición epidemiológica: cada vez hay más derechohabientes con enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y cáncer. Solo en 2021, el ISSSTE atendió a más de un millón de personas con diabetes, casi el 10% de sus derechohabientes, con un costo de 5,590 millones de pesos. También atendió a 1.27 millones con hipertensión, con un gasto cercano a 7 mil millones, y a casi 100 mil pacientes con cáncer, que representaron un gasto superior a 7,300 millones de pesos.

Por otro lado, la esperanza de vida sigue aumentando, lo que implica más años de atención médica costosa. El sistema, ya sobrecargado, no tiene margen de maniobra ni recursos suficientes para enfrentar esta presión creciente sin un rediseño urgente.

Un presupuesto que no alcanza

Recordemos que el presupuesto del ISSSTE para 2024 fue de 76,362 millones de pesos, con un recorte del 12.2% respecto a 2022. Más de la mitad se destina a nómina y otro 40% a materiales y suministros. Eso deja muy poco para infraestructura, equipamiento o innovación. Además, en los últimos años, el presupuesto para atención médica y compra de medicamentos ha caído 34.8% y 16.9%, respectivamente, mientras que el gasto administrativo ha aumentado 53%.

En este contexto, el resultado es alarmante: el gasto per cápita en salud para un derechohabiente del ISSSTE es de apenas 11,112 pesos al año, menos de la mitad que el promedio de los países de la OCDE (67,045 pesos). Comparado con otros subsistemas, la desigualdad es evidente: un trabajador de Pemex tiene un gasto per cápita de 31,985 pesos, mientras que una persona atendida por IMSS-Bienestar apenas alcanza los 4,107 pesos.

Urge rediseñar el sistema

¿Qué hacer? Primero, rediseñar el esquema de financiamiento del ISSSTE para que sea suficiente, sostenible y justo, considerando el costo real de atender a trabajadores, pensionados y sus familias. Segundo, avanzar hacia una integración efectiva del sistema de salud nacional, con mecanismos de compensación y portabilidad entre instituciones, para que el acceso no dependa del tipo de empleo o del lugar de residencia.

Además, se debe fortalecer la infraestructura, el abasto de medicamentos y la formación de personal médico, especialmente en las regiones más rezagadas del país. También es fundamental establecer convenios con el sector social y privado para disminuir los rezagos en la atención médica. El ISSSTE no puede seguir siendo el eslabón más débil del sistema de salud mexicano.

Éctor Jaime Ramírez Barba

El Dr. Éctor Jaime Ramírez Barba es un destacado político y médico mexicano, miembro del Partido Acción Nacional (PAN). A lo largo de su carrera, ha ocupado el cargo de diputado federal en diversas ocasiones, donde ha sido un ferviente defensor de la salud pública y la educación en México. Su labor legislativa se ha centrado en promover reformas significativas en el sistema de salud, buscando mejorar el acceso y la calidad de los servicios médicos en el país.

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