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Apostar por el bioetanol: una oportunidad energética que México no debe dejar pasar

Columna Sustentabilidad

El piloto E85 en Monterrey demuestra que el bioetanol puede ser una opción real para reducir emisiones, mejorar la economía del transporte y detonar una agroindustria nacional. La pregunta no es si funciona, sino por qué no lo estamos adoptando ya.

Arturo Rivas

Mientras el mundo transita hacia energías más limpias, México sigue dependiendo de los combustibles fósiles en su parque vehicular. Pero algo distinto ocurrió recientemente en Monterrey, Nuevo León: un programa piloto con taxis convertidos a tecnología Flex Fuel probó que el bioetanol —específicamente en su mezcla E85— puede reducir emisiones, ahorrar costos operativos y dinamizar una agroindustria basada en cultivos como la caña de azúcar y el sorgo. La evidencia está sobre la mesa. El bioetanol es viable, económico y amigable con el medio ambiente. Entonces, ¿qué estamos esperando?

Resultados claros y medibles

Durante seis semanas, diez unidades de taxi —cinco Hyundai Grand i10 y cinco Nissan V-Drive de la empresa PIDELO— operaron en Monterrey utilizando exclusivamente E85, una mezcla de 85% bioetanol y 15% gasolina. Recorrieron cerca de 70 mil kilómetros y lograron reducir los costos por kilómetro recorrido a rangos de $1.44 y $1.56 pesos. Más aún, evitaron entre 4.9 y 6.4 toneladas anuales de emisiones de CO₂ equivalente por vehículo. Se estima que, a lo largo de su vida útil, cada unidad podría ahorrar hasta $19,230 pesos en combustible.

Este ejercicio no fue aislado ni improvisado. Se basó en un Memorándum de Entendimiento entre la Secretaría del Medio Ambiente del Estado de Nuevo León y el U.S. Grains Council, con soporte técnico del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), que analizó el impacto en emisiones contaminantes.

Emisiones a la baja, salud a la alza

Los datos del IMP son contundentes. El uso de E85 redujo significativamente la presencia de monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, partículas suspendidas y compuestos reconocidamente tóxicos como el benceno y el 1,3-butadieno. Si bien se observó un ligero aumento en gases como metano y formaldehído, el balance neto es favorable. En un país con crecientes problemas de calidad del aire en zonas urbanas, esta reducción no es anecdótica: es una herramienta concreta de salud pública.

A nivel estatal, las proyecciones son igual de prometedoras. Con una adopción del 5% de E85 en el parque vehicular de Nuevo León, podrían evitarse hasta 148 mil toneladas de CO₂ anuales y generar ahorros de 375 millones de pesos. Nada despreciable para una tecnología que no requiere reinventar la movilidad, sino simplemente adaptar lo que ya existe.

Una agroindustria lista para despegar

Uno de los aspectos más interesantes de esta apuesta por el bioetanol es su conexión directa con el campo mexicano. A diferencia del petróleo, el bioetanol se puede producir de materias primas agrícolas como la caña de azúcar y el sorgo. Esto implica que su impulso puede traducirse en empleos rurales, inversiones agroindustriales y un fortalecimiento de las cadenas de valor locales.

La reciente Ley de Biocombustibles establece las bases para regular y fomentar su producción y uso. El reto es pasar de la letra de la ley a la acción pública efectiva. No se trata solo de permitir, sino de promover. México necesita construir una política de Estado que combine transición energética, soberanía tecnológica y desarrollo rural. El bioetanol puede ser ese puente.

Más allá del piloto: la necesidad de escalar

El piloto de Monterrey fue un éxito. Pero un piloto, por definición, es una prueba. Lo que sigue es escalar la experiencia a más ciudades, a más flotas, a más tipos de vehículos. Esto requiere voluntad política, inversión pública y privada, ajustes normativos y, sobre todo, narrativa: entender que este no es un proyecto menor, sino parte de una estrategia integral de descarbonización.

Además, el bioetanol tiene un valor adicional en países como México: puede ser un paso intermedio hacia la electromovilidad. En tanto se desarrolla la infraestructura para vehículos eléctricos —electrolineras, redes inteligentes, redes de carga rápida—, los biocombustibles pueden funcionar como transición efectiva. No se trata de una competencia entre tecnologías limpias, sino de sumar soluciones complementarias.

La resistencia cultural y económica

No obstante, el camino no estará libre de obstáculos. Existen resistencias culturales, empresariales y políticas. Algunas provienen de la industria petrolera, acostumbrada a dominar el suministro de combustibles. Otras nacen de la falta de conocimiento técnico o de temor a lo nuevo. Pero si el piloto de Monterrey demostró algo, es que el bioetanol no es un experimento teórico, sino una opción funcional y rentable.

También hay quien argumenta que los cultivos para biocombustibles pueden competir con los alimentos. Es una preocupación legítima, pero en México existen miles de hectáreas subutilizadas donde podría sembrarse caña o sorgo sin afectar la seguridad alimentaria. Con planificación y criterios sustentables, la agroindustria del bioetanol puede coexistir con otras actividades agrícolas.

¿Y el gobierno federal?

Quizá el actor que más tiene que moverse es el gobierno federal. Aunque existen algunas señales de apoyo —como la citada Ley de Biocombustibles—, aún no hay una estrategia nacional sólida que dé certidumbre a inversionistas, industriales y agricultores. Falta una hoja de ruta clara para la adopción del bioetanol, con metas de corto, mediano y largo plazo. También falta coordinación con Pemex, que debería facilitar su distribución, y con la industria automotriz, para promover modelos Flex Fuel.

La historia del bioetanol en México ha sido intermitente, llena de intentos truncos y promesas incumplidas. Hoy, sin embargo, hay condiciones técnicas, económicas y ambientales que podrían convertirlo en una realidad.

Una decisión que no puede postergarse

El piloto E85 en Monterrey llegó en buen momento. Puso cifras donde antes había especulaciones. Mostró que sí se puede mover una ciudad con menos emisiones y menor costo, sin sacrificar desempeño. Demostró que el bioetanol no es solo una alternativa: es una solución inmediata, escalable y nacional.

El siguiente paso depende de nosotros: de los tomadores de decisiones, de la industria energética, del sector agrícola, del ciudadano informado. El futuro no se improvisa, se construye con decisiones responsables. Apostar por el bioetanol es apostar por un México más limpio, más justo y más preparado para el porvenir energético.

Arturo Rivas

Arturo Rivas es un periodista con más de 20 años de experiencia en diversas fuentes culturales, como cine, teatro, danza. Su correo es: arturo.rivas@mundofarma.com.mx

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