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Salud pública: entre el discurso de los logros y la prueba de la realidad

Columna Mundo Farma en Merca 2.0

En la tribuna mañanera presidencial de ayer, 13 de enero de 2026, se presentó un discurso de avances en salud pública, con más atenciones, nuevos hospitales y la promesa de un sistema universal. El reto sigue siendo convertir esas cifras y anuncios en calidad, abasto y continuidad real para los pacientes.

Jorge Arturo Castillo

Por lo regular los buenos deseos no resuelven problemas, pues hace falta mucho más. La información de salud presentada en la conferencia matutina del 13 de enero por la presidenta Claudia Sheinbaum y su equipo ofrece una narrativa optimista: cifras históricas de atención, nuevos hospitales en puerta y la reiteración de un objetivo largamente anunciado, pero aún inconcluso, el sistema de salud universal.

El mensaje es claro: el Estado mexicano afirma haber recuperado capacidad operativa y rumbo en uno de los sectores más sensibles para la población.

Desde la perspectiva oficial, los números respaldan el discurso. Se reportaron incrementos relevantes en consultas, cirugías y servicios otorgados por el IMSS, el ISSSTE y el IMSS-Bienestar durante 2025. El énfasis está puesto en la contratación de personal, la ampliación de turnos y la recuperación de infraestructura que durante años operó de forma parcial o quedó inconclusa. En términos de política pública, el mensaje apunta a una normalización del sistema tras una década marcada por reformas, contrarreformas y la presión extraordinaria de la pandemia.

Resultados clínicos

Sin embargo, para quienes seguimos de cerca la evolución del sistema de salud y la relación del Estado con la industria farmacéutica, el reto no está únicamente en la cantidad de atenciones, sino en su calidad, continuidad y sostenibilidad. Las cifras agregadas dicen poco si no se acompañan de indicadores claros sobre abasto de medicamentos, tiempos de diagnóstico, seguimiento terapéutico y resultados clínicos. La experiencia reciente muestra que aumentar la demanda atendida sin fortalecer los procesos puede traducirse en saturación, desgaste del personal y fallas recurrentes en la cadena de suministro.

Uno de los anuncios más relevantes fue la próxima inauguración de nuevos hospitales y unidades especializadas, así como la creación de un Centro de Diagnóstico de Alta Especialidad, iniciativa presentada por el secretario de Salud, David Kershenobich Stalnikowitz. En el papel, este tipo de proyectos responde a una necesidad real: el rezago histórico en diagnóstico oportuno y medicina especializada.

En la práctica, el desafío será garantizar que estos centros cuenten con presupuesto suficiente, personal capacitado y, sobre todo, integración efectiva con el resto del sistema, para evitar que se conviertan en islas de excelencia rodeadas de precariedad.

Culturas organizacionales distintas

En este sentido, la insistencia presidencial en avanzar hacia un sistema de salud universal también merece una lectura cuidadosa. La integración funcional de IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar es una aspiración legítima, pero compleja. Cada institución tiene reglas laborales, modelos de financiamiento y culturas organizacionales distintas. Sin una arquitectura normativa clara y sin incentivos alineados, el riesgo es que la universalidad se quede en el discurso, mientras los usuarios siguen enfrentando barreras administrativas y desigualdades en el acceso.

Para la industria farmacéutica, el mensaje de la mañanera es igualmente ambivalente. Por un lado, un Estado que amplía cobertura y capacidad instalada representa un mayor potencial de demanda y un reconocimiento implícito de la importancia del medicamento como eje del tratamiento. Por otro, persisten las dudas sobre los mecanismos de compra, pago oportuno, planeación de largo plazo y diálogo técnico con el sector. Sin certidumbre regulatoria y financiera, ningún sistema de salud puede sostenerse, por más hospitales que se inauguren.

En síntesis, la mañanera del 13 de enero dibuja un escenario de avance y reconstrucción, pero también expone la distancia entre la narrativa gubernamental y la experiencia cotidiana de pacientes, médicos y proveedores. La salud pública no se consolida con anuncios espectaculares, sino con resultados medibles, transparencia y corresponsabilidad. El verdadero balance de estos logros no se hará en el atril presidencial, sino en los consultorios, farmacias hospitalarias y salas de espera del país. Al tiempo.

El Botiquín

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