Salud cardiovascular en el envejecimiento de México

Columna Desde el Legislativo
«Nuestro cuerpo: único lugar donde vivimos»:
Jim Rohn
México ya es un país envejecido. Con más de 17 millones de adultos mayores, el sistema de salud enfrenta un desafío urgente: garantizar un envejecimiento cardiovascular saludable. Las enfermedades del corazón son la principal causa de muerte, y la prevención, atención integral y políticas públicas intersectoriales son claves para enfrentar el reto.

Dr. Éctor Jaime Ramírez Barba
México atraviesa una transformación demográfica sin precedentes. Con más de 17 millones de personas de 60 años y más —equivalentes al 12.8% de la población total— nuestro país ha ingresado oficialmente a la categoría de nación envejecida. Las proyecciones del CONAPO son claras: para 2030, los adultos mayores representarán el 15% de la población y, para 2050, una de cada cuatro personas tendrá más de 60 años.
Este fenómeno no es una simple estadística: es un llamado de alerta que exige acción inmediata y coordinada. Como médico y servidor público, he sido testigo de cómo el envejecimiento poblacional se entrelaza con uno de los desafíos más complejos de salud pública: las enfermedades cardiovasculares en adultos mayores.
Las cifras son contundentes. En México, las enfermedades del corazón son la primera causa de muerte, cobrando más de 220,000 vidas al año. El 77% de estas muertes ocurre en personas mayores de 65 años, evidenciando la alta vulnerabilidad de este grupo poblacional.
Envejecimiento saludable: un nuevo paradigma
Una investigación publicada en la Revista Europea del Corazón plantea un enfoque innovador: el envejecimiento saludable no se define por la ausencia de enfermedad, sino por la capacidad de mantener salud física y mental, independencia y calidad de vida, incluso con enfermedades cardiovasculares.
Este concepto es crucial para México, donde la hipertensión afecta al 59.4% de los hombres y al 55.9% de las mujeres de entre 60 y 69 años. A ello se suman factores de riesgo como la diabetes mellitus (35.5% de prevalencia), obesidad abdominal (59.3%) y dislipidemia. El resultado: un entorno de alto riesgo para la salud cardiovascular de los adultos mayores.
Además del impacto en la calidad de vida, el costo económico de estas enfermedades es alarmante. Un paciente con enfermedad cardiovascular no controlada puede requerir entre 250,000 y 400,000 pesos al año. En cambio, un manejo adecuado reduce el costo a entre 8,000 y 18,000 pesos anuales.
El costo de la inacción
Un estudio del IMSS proyecta que, entre 2019 y 2028, las complicaciones cardiovasculares podrían representar un gasto acumulado de más de 439,000 millones de pesos. Esta cifra equivale a todo el presupuesto anual del seguro de enfermedades y maternidad del instituto en 2021.
Este gasto es aún más preocupante si consideramos que el 54% de los pacientes hipertensos tiene menos de 54 años. Es decir, estamos ante enfermedades que impactan no solo al envejecimiento, sino a poblaciones aún productivas, generando efectos prolongados sobre la economía y el sistema de salud.
Pero el envejecimiento no es homogéneo. Los llamados “síndromes geriátricos” —como la fragilidad— aumentan significativamente el riesgo de mortalidad y complicaciones cardiovasculares. La polifarmacia, presente en buena parte de los adultos mayores con cardiopatías, incrementa también el riesgo de hospitalización.
Prevenir es posible y costo-efectivo
La evidencia científica es clara: el 80% de las enfermedades cardiovasculares se pueden prevenir. Las acciones más eficaces combinan estilos de vida saludables (actividad física, dieta mediterránea, control de peso y glucosa) con una atención geriátrica integral que evalúe al adulto mayor de manera holística.
El modelo de la Sociedad Americana de Geriatría propone cinco dimensiones para el envejecimiento saludable: manejo de enfermedades crónicas, salud cognitiva, salud física y mental, y participación social. Este modelo encaja con la realidad mexicana, donde las redes familiares son aún el principal sostén del adulto mayor.
Pasar de un enfoque reactivo a uno preventivo es indispensable. Esto incluye fortalecer la atención primaria con capacidad diagnóstica y de seguimiento, especialmente en zonas rurales o con población envejecida. Programas como HEARTS, ya implementado en Chiapas y Yucatán, han mostrado buenos resultados con costos que oscilan entre 31.5 y 43.3 dólares anuales por paciente.
Invertir en salud, invertir en futuro
Para responder al desafío, México debe invertir más. Actualmente, el país destina solo 6.2% de su PIB a salud, muy por debajo del 10% recomendado por organismos internacionales. Esta brecha limita seriamente la posibilidad de desarrollar infraestructura, personal especializado y programas de atención centrados en adultos mayores.
Pero la respuesta no puede ser solo médica. Se requiere una política pública intersectorial que fomente entornos urbanos saludables, acceso a alimentación adecuada, movilidad segura y participación comunitaria. La salud cardiovascular es reflejo de la salud del entorno, no solo del individuo.
La oportunidad es ahora. Las generaciones nacidas entre 1960 y 1980 —las más numerosas del país— están cruzando el umbral de los 60 años. Si actuamos hoy, podemos transformar el envejecimiento de una amenaza en una oportunidad para el bienestar colectivo.
Un indicador moral y de visión de país
El envejecimiento cardiovascular saludable no es solo un tema técnico o clínico. Es un asunto de justicia social, de equidad generacional y de visión de futuro. ¿Qué dice de un país la manera en que cuida a quienes lo construyeron?
La salud cardiovascular de los adultos mayores será una de las grandes pruebas de la madurez institucional de México. Podemos fracasar por omisión o convertir este desafío en una palanca para reconfigurar nuestro sistema de salud con dignidad, prevención y humanidad en el centro.
Actuemos en consecuencia.



