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Madre de Guerrero viaja más de cinco horas para que sus hijos reciban tratamiento en la CDMX

Pacientes de MPS

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La historia de Natividad Rosales, madre de dos niños con Mucopolisacaridosis (MPS), refleja los desafíos de acceso a tratamientos médicos especializados desde regiones alejadas. Cada semana viaja más de cinco horas desde su comunidad en Guerrero hasta el INP.

Misael Macías

Fotos: Grupo Fabry

Desde hace varios años, Natividad Rosales Armenta realiza un largo y agotador recorrido desde su comunidad en Guerrero hasta la Ciudad de México (CDMX). El motivo: que sus dos hijos, Miguel Ángel González y Anthony Felipe González, reciban tratamiento médico en el Instituto Nacional de Pediatría (INP) por Mucopolisacaridosis (MPS), una enfermedad rara y degenerativa.

Cada semana, en día viernes, la travesía inicia a las 2:00 horas de la madrugada, cuando una camioneta pasa a recogerla para emprender un viaje de más de cinco horas. A pesar del cansancio y las inclemencias del clima, Natividad Rosales lo tiene claro: “Para los hijos no existe el cansancio, uno hace todo por ellos”.

Diagnóstico y traslado al INP

La historia comenzó con Miguel Ángel, su hijo mayor. Después de múltiples estudios realizados en un hospital de Cuernavaca, los médicos diagnosticaron que padecía el tipo VI de MPS. A partir de ese momento, personas solidarias ayudaron a la familia con el transporte para llevar al niño al INP, donde podría iniciar el tratamiento especializado que requería.

Más adelante, al llevar a su otro hijo, Anthony Felipe, los médicos confirmaron que también necesitaba el mismo medicamento. Desde entonces, ambos niños son atendidos en el Instituto, lo que ha multiplicado el esfuerzo económico, físico y emocional para su madre.

El trayecto: cansancio, obstáculos y riesgos

Cada viernes, se repite la misma historia: salida a las 2:00 a.m., llegada al hospital por la mañana (entre 7:00 y 8:00 horas), consulta médica, administración del medicamento y regreso al punto de origen, de nuevo con más de cinco horas de viaje. “Es muy lejos, muy cansado, pero por los hijos uno lo hace”, afirma Natividad Rosales.

El camino no solo es largo, también puede ser peligroso. Las condiciones climáticas o los problemas en las vías de acceso, como deslaves o bloqueos, han llegado a impedir su llegada al hospital. En esas ocasiones, ha tenido que buscar a alguien más que lleve a los niños, ya que el tratamiento no puede interrumpirse: se aplica cada ocho días, sin excepción.

Impacto en la vida diaria y escolar

El traslado constante ha generado afectaciones importantes en la rutina familiar. Los niños, por ejemplo, se levantan antes del amanecer y pierden días de escuela. A veces, solo pueden hacer una comida al día, y en ocasiones, no cuentan con dinero suficiente para comprar alimentos.

La situación también afecta a la salud de su madre. “Cuando yo empecé a venir era una persona sana. Después de uno o dos años, llegaron muchas complicaciones”, relata Natividad Rosales. A pesar de las dificultades físicas, continúa con el compromiso de llevar a sus hijos a recibir su medicina.

Gastos y sacrificios

Cada visita representa un gasto considerable. Natividad Rosales calcula que necesita al menos 1,000 pesos para cubrir transporte y alimentos. En muchas ocasiones, ese monto apenas alcanza para comprar algo sencillo para comer, además de que debe reservar una parte “por si pasa algo en el camino”.

Además, ella ha tenido que asumir completamente el rol de cuidadora principal. Aunque en ocasiones la apoyan su madre o una hermana, no ha podido mantener un empleo estable debido a la frecuencia de los traslados y la demanda del tratamiento.

Una petición con esperanza

Ante las múltiples adversidades, Natividad Rosales hace un llamado para que el tratamiento pueda acercarse más a su comunidad. “Sería muy bueno que mandaran el medicamento a Guerrero. Eso ayudaría mucho”, señala. Aunque reconoce el esfuerzo de quienes la apoyan, también comprende que no siempre es fácil para ellos continuar brindando ayuda indefinidamente.

¿Un hospital cercano a su domicilio? La idea de que sus hijos pudieran recibir atención en un hospital más cercano representa, para ella, una posibilidad de mejorar su calidad de vida, la de sus hijos y la de su entorno. “Sería mucho mejor. Ya no estaría tan retirado”, reflexiona.

La salud también depende de la cercanía

Por supuesto, la historia de Natividad Rosales no es única. Refleja las dificultades que enfrentan miles de familias mexicanas que viven en comunidades alejadas y que, por la falta de infraestructura médica local, deben recorrer grandes distancias para acceder a tratamientos especializados.

Casos como el suyo reafirman la necesidad de fortalecer el sistema de salud pública en los estados del país, especialmente en regiones donde la distancia se convierte en una barrera adicional para quienes enfrentan enfermedades crónicas o de atención permanente. Llevar los servicios médicos más cerca de la población no solo alivia a las familias, sino que también salva vidas.

Misael Macías

Misael Macías es comunicólogo egresado de la FCPyS de la UNAM. Ha trabajado en temas de negocios y salud desde hace un lustro en diversos medios de cobertura nacional. Hoy en día se desempeña como reportero de Mundo Farma. Su correo electrónico es: misael.macias@mundofarma.com.mx

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