Breves

La salud, una responsabilidad compartida

Cuidarse es un acto personal, pero también una responsabilidad colectiva

Columna Conexiones Estratégicas

La salud no es solo responsabilidad del paciente ni del Estado: es un proceso compartido que involucra a individuos, profesionales, instituciones, gobiernos y comunicadores. Asumir nuestra parte en la prevención y el cuidado permitiría construir un sistema más justo, humano y sostenible.

Eric Gaxiola Aldama

¿Quién es el dueño de la enfermedad: el paciente, la institución o el sistema de salud? Esta pregunta surgió durante un seminario en línea con uno de mis clientes, Axios Internacional y especialistas médicos, y la respuesta no es fácil; es compleja.

La salud no puede recaer exclusivamente sobre una sola persona, sin importar quién sea. Es el resultado de un sistema interconectado, donde todos —personas, profesionales, instituciones, organizaciones de la sociedad civil, gobiernos y comunicadores— todos tenemos una responsabilidad, tanto individual como colectiva.

Cuando escuchamos la palabra “salud”, pensamos de inmediato en la ausencia de enfermedad. Pero la salud no es simplemente no estar enfermo. Si retomamos la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones. Estamos hablando de algo mucho más amplio que una simple condición médica.

Orientar, escuchar y generar confianza

Todos tenemos la responsabilidad de cuidarnos: alimentarnos de forma balanceada, ejercitarnos regularmente, hacernos chequeos médicos periódicos y mantenernos informados. Cuando una persona enferma, su responsabilidad no desaparece: debe acudir al médico, seguir el tratamiento que se le indica y tomar decisiones informadas sobre su bienestar. Evitar automedicarse. Nada sencillo.

A su vez, los médicos tienen la obligación ética de tratar a cada paciente con profesionalismo, empatía y seguimiento. No basta con recetar medicamentos; también se requiere orientar, escuchar y generar confianza.

Y por supuesto, el sistema de salud debe funcionar como soporte estructural. Esto significa garantizar hospitales bien equipados, médicos capacitados, insumos suficientes y una red de atención eficiente.

Un sistema saturado

No es tarea fácil, pero si cada uno cumple con su parte, podríamos tener un sistema más justo, efectivo y humano. Suena a una utopía, lo sé. Sobre todo, si le sumamos dos factores más: el primero, que convivimos con hábitos alimenticios poco saludables, alto consumo de alimentos ultraprocesados, tabaquismo, alcoholismo y escasa actividad física.

El segundo, que existe una idea muy arraigada: el Estado debe curarme, aunque yo no me haya cuidado. Esta mentalidad delega toda la responsabilidad y termina por saturar un sistema ya frágil y limitado en recursos.

Nos hemos acostumbrado a vivir mal y a esperar que la medicina corrija lo que nosotros descuidamos. Las estadísticas lo reflejan: muchas enfermedades crónicas no transmisibles podrían evitarse si existieran mejores hábitos colectivos.

¿Y qué pasa con las enfermedades genéticas o autoinmunes?

Existen casos en los que la responsabilidad individual se diluye. Las enfermedades raras, genéticas o autoinmunes no son consecuencia de malos hábitos ni de decisiones personales. Aparecen sin previo aviso, muchas veces sin causa conocida. Requieren atención médica especializada, empática y constante.

En estos casos, se necesitan programas de atención integral, acceso a medicamentos, diagnósticos oportunos y apoyo económico a las familias. Pero el problema estructural es profundo: la carga de enfermedades prevenibles es tan alta que absorbe gran parte del presupuesto y los recursos disponibles.

Aquí llega otra idea utópica: si todos asumiéramos nuestra parte en la prevención, podríamos liberar recursos y capacidades para atender los casos que realmente no se pueden evitar.

La salud es un proceso compartido. Una construcción diaria que depende de nuestras elecciones, pero también de nuestras condiciones y de las estructuras que nos rodean. Si queremos transformar nuestros sistemas de salud en estructuras más equitativas, resilientes y humanas, debemos reconocer que somos parte del problema y también de la solución.

La responsabilidad de los comunicadores

Si hablamos de corresponsabilidad, no podemos dejar fuera a los periodistas, divulgadores, creadores de contenido, profesionales de la comunicación institucional, influencers… todos influyen directamente en cómo la sociedad comprende la salud, los riesgos y las soluciones.

El lenguaje que utilizamos para hablar de enfermedades, tratamientos, vacunas o prevención no es neutral. Tiene consecuencias. Por eso es esencial que los mensajes que circulan en medios de comunicación, redes sociales y campañas públicas sean veraces, éticos, claros y empáticos.

Como comunicadores, tenemos la responsabilidad de usar fuentes confiables, basarnos en evidencia científica, ser accesibles al público y evitar estigmas. En un mundo saturado de información y desinformación, comunicar bien también es una forma de cuidar la salud pública.

¿Y tú, qué estás haciendo hoy por tu salud… y por la de los demás?

Eric Gaxiola

Director de Comunicación y Reputación Corporativa en Psiquepol Especialista en comunicación estratégica, relaciones públicas y gestión de reputación con +20 años de experiencia. Ha liderado estrategias en sectores como salud, farma, infraestructura y corporativo. eric@psiquepol.com

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