Genéricos: la fuerza silenciosa que transforma a México

Entre-Vistas

Sin lugar a dudas, la industria de genéricos en México ha dejado atrás viejas etiquetas y hoy integra laboratorios, distribuidores y fabricantes de material de curación bajo un mismo frente: Dilameg. Con 53 asociados, la organización busca consolidar el acceso a medicamentos de calidad, fortalecer la planta productiva nacional y definir su rumbo en la convención que celebrará en Cancún.
Jorge Arturo Castillo
Fotos: cortesía de Dilameg.
El mercado farmacéutico mexicano ha sido testigo de un cambio silencioso pero profundo: la evolución de la asociación que alguna vez se conoció como Dinamegi y que hoy, bajo el nombre de Dilameg, reúne a laboratorios y distribuidores de genéricos en un mismo proyecto. “Ya no hablamos de genéricos intercambiables, hablamos de genéricos, punto. La intercambiabilidad está garantizada por norma”, explica Santiago Bojalil, presidente de Dilameg, con una convicción que refleja la madurez alcanzada por este sector.
La organización agrupa actualmente a 53 empresas —36 laboratorios, 15 distribuidores y tres fabricantes de material de curación— con un alcance nacional que se traduce en la llegada diaria a más de 22 mil puntos de venta. En palabras del directivo, se trata de un esfuerzo que no solo fortalece al sector, sino que también lleva salud “a todos los rincones del país, desde las comunidades más pequeñas hasta las grandes ciudades”.
Explica que el 90% de los productos que circulan bajo el paraguas de Dilameg son fabricados en México. Esto significa no solo acceso a medicamentos más asequibles, sino también empleo, desarrollo y arraigo de la industria en el país.
Encuentro con la regulación
Los últimos años no han sido sencillos para el gremio. El diálogo con las autoridades sanitarias tuvo altibajos, sobre todo durante el sexenio pasado. Sin embargo, la coyuntura actual parece abrir nuevas posibilidades. Bojalil lo explica con claridad: “Somos empresas muy sensibles a la regulación sanitaria, y por eso buscamos tender puentes con Cofepris, con el IMPI, con el legislativo. Lo importante es participar en las actualizaciones de norma y defender la industria nacional”.
Uno de los logros más relevantes fue la participación activa en la modificación del artículo 225 de la Ley General de Salud. Gracias a este cambio, los médicos deben prescribir por sustancia activa y no por marca, lo que abre al paciente la libertad de elegir entre un medicamento de patente o un genérico. “Es como en todo el mundo: cuando vence una patente, se prescribe la sustancia y luego, si el médico lo desea, puede poner la marca de su preferencia”, apunta el presidente de Dilameg.
El proceso de discusión con legisladores tomó alrededor de año y medio y permitió sentar las bases de un acceso más equitativo. La implementación aún enfrenta resistencias, principalmente de algunos médicos poco familiarizados con la normativa, pero la tendencia es clara: la ley busca garantizar que la población tenga opciones reales en el mostrador.
La oportunidad de las patentes vencidas
El futuro inmediato abre una ventana que puede transformar el mercado. En los próximos años, vencerán varias patentes de medicamentos de alto impacto. Esto significa un terreno fértil para los genéricos. La llamada “cláusula bolar”, que permite a los laboratorios iniciar el desarrollo de genéricos hasta tres años antes de que expire la patente, representa una ventaja competitiva clave.
“Cuando vence una patente, la reducción de precios puede alcanzar hasta el 80%. Eso se traduce en acceso real para los pacientes y en ahorro para las familias mexicanas”, subraya Bojalil. El impacto económico no solo se refleja en el bolsillo del consumidor, sino también en el presupuesto público destinado a salud.
Sin duda, la industria genérica depende de la innovación de las farmacéuticas de investigación, pero al liberarse las moléculas, el mercado se abre a la competencia. En ese punto, la distribución juega un rol determinante. Con la red de 22 mil puntos de abasto, Dilameg asegura que los medicamentos estén disponibles de manera oportuna.
El reto de la percepción
Pese a los avances, el sector todavía enfrenta desafíos. La percepción pública sobre los genéricos, aunque más positiva que hace una década, sigue siendo un obstáculo en algunos segmentos. La falta de información y la resistencia de ciertos profesionales de la salud son factores que ralentizan el cambio cultural.
“Lo que hay que entender es que la eficacia está probada y la economía también”, insiste Bojalil. Enfatiza que Cofepris juega un papel fundamental como garante de la calidad, al exigir reportes de farmacovigilancia y controles estrictos. En este sentido, la narrativa ya no puede girar en torno a la duda, sino al reconocimiento de un modelo que funciona.
Además, la asociación ha integrado a fabricantes de material de curación, ampliando su espectro y reforzando su papel como referente integral de la cadena de suministro. Este paso demuestra la flexibilidad y visión de futuro que busca sostener la organización.
Planta productiva nacional, prioridad estratégica
La defensa de la planta productiva mexicana es otro de los ejes centrales. Actualmente, más del 90% de los medicamentos genéricos se fabrican en territorio nacional, generando más de 60 mil empleos directos y alrededor de 350 mil indirectos. Esta cifra convierte al sector en un actor relevante no solo en términos de salud pública, sino también de desarrollo económico y social.
Bojalil lo sintetiza así: “Defender la planta productiva es defender miles de empleos y la economía de las familias mexicanas”. Con una industria consolidada y vinculada a universidades y centros de investigación, los genéricos tienen la capacidad de responder a la demanda creciente, siempre que existan políticas que faciliten los registros y agilicen los procesos regulatorios.
El fortalecimiento de este tejido industrial es vital para enfrentar el reto del acceso. Tanto en el sector institucional como en el mercado privado, los precios más bajos de los genéricos alivian presupuestos y amplían la cobertura.
La convención en Cancún: definir el rumbo
El próximo gran hito para la asociación es la convención de Dilameg, que se desarrolla el 3 de septiembre en Cancún, Quintana Roo. Allí se reúnen los distribuidores y laboratorios de todo el país para discutir tendencias, proyectos y retos del sector. Con una confirmación de participación del 99%, el evento promete marcar la pauta de la agenda futura.
De esta manera, la convención no solo es un espacio de análisis interno, sino también de definición estratégica. Desde Tijuana hasta Mérida, los socios llegarán con la expectativa de fortalecer la unión de la industria y delinear los pasos para consolidar la competitividad del sector.
Para Bojalil, el mensaje es claro: “El futuro de Dilameg se construye con la suma de laboratorios, distribuidores y ahora también fabricantes de curación. La unión es nuestra mayor fortaleza”.
Más allá del negocio: impacto social
El acceso a medicamentos genéricos representa, ante todo, una política de bienestar. Con el envejecimiento poblacional y el incremento de enfermedades crónicas, los hogares mexicanos enfrentan gastos recurrentes en salud. Los genéricos alivian esta carga y permiten que las familias liberen recursos para otras necesidades.
Por supuesto, la asociación también se vincula con la dimensión social de la salud. En comunidades alejadas, donde el acceso a hospitales es limitado, contar con medicamentos asequibles marca una diferencia concreta. En ese sentido, los genéricos no solo son un negocio, sino una herramienta de equidad.
Esto, el presidente de Dilameg lo resume en una frase contundente: “Por tu salud, medicamentos genéricos; por tu economía, también”. Ese doble beneficio —clínico y económico— constituye el núcleo del mensaje que busca transmitir a autoridades, médicos y pacientes.
Una agenda abierta
La entrevista con Bojalil deja claro que Dilameg se mueve en un contexto complejo, pero lleno de oportunidades. Con un mercado que seguirá demandando genéricos, con la presión de las patentes que están por vencer y con la necesidad de modernizar los marcos regulatorios, el reto es articular una respuesta ágil y coordinada.
Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos: resistencias médicas, tiempos regulatorios largos y tensiones con comunidades cuando no se realizan procesos de consulta adecuados. Pero la industria ha demostrado capacidad de adaptación y voluntad de diálogo.
En este contexto, la convención en Cancún será recordada, sin duda, como un termómetro de hasta dónde llega esa capacidad de articulación. Lo que se decida allí marcará la pauta de un sector que, en silencio, sostiene buena parte del acceso a la salud en México.



