Enfermedades cardiovasculares: la amenaza silenciosa que mata antes de tiempo
Entrevista con el Dr. Adolfo Chávez Mendoza y el Dr. Alan Barrell

Entre-Vistas

Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte prematura en México, pero existen terapias eficaces que pueden marcar la diferencia. Especialistas como el Dr. Adolfo Chávez Mendoza y el Dr. Alan Barrell explican, en entrevista con Mundo Farma, los retos, avances y oportunidades para cambiar esta historia.
Jorge Arturo Castillo
A veces parece que nos acostumbramos a escuchar que las enfermedades del corazón son “la principal causa de muerte”, como si fuera un dato más, parte del ruido de las noticias médicas. Sin embargo, el impacto es devastador: en México, 218,885 personas fallecieron por enfermedades cardiovasculares en un solo año, según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Y lo más inquietante: muchas de esas muertes ocurrieron antes de tiempo, por no detectar ni tratar a tiempo los factores de riesgo.
“Las enfermedades cardiovasculares no solo son muchas, sino que son traicioneras”, advierte el Dr. Adolfo Chávez Mendoza, presidente de la Asociación Mexicana de Insuficiencia Cardiaca (AMIC). Desde la cardiopatía isquémica hasta la insuficiencia arterial periférica, pasando por los infartos cerebrales, todas tienen algo en común: suelen avanzar silenciosamente, sin dar señales claras, hasta que es demasiado tarde.
El enemigo oculto: la ateroesclerosis
En este sentido, el doctor Chávez subraya que uno de los mayores villanos es la ateroesclerosis, ese proceso por el cual el colesterol malo (LDL) y las grasas se acumulan en las paredes de las arterias, formando placas que obstruyen el paso de la sangre. “La mayoría de la gente ni se entera hasta que sufre un infarto o un derrame”, comenta.
Las cifras son alarmantes: más del 30% de los mexicanos tienen alteraciones en su perfil de lípidos, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2018. Y si sumamos obesidad, hipertensión, diabetes y tabaquismo, el escenario empeora. “El 60% de la población mexicana carga al menos con un factor de riesgo cardiovascular, y eso sin contar el sedentarismo ni la mala alimentación”, apunta Chávez.
“Esto no es exclusivo de los adultos mayores”, advierte. Cada vez se ven más casos de jóvenes y adultos en edad productiva con eventos cardiovasculares graves. El ritmo de vida actual, el estrés y la falta de ejercicio están pasando factura.
Cuando el corazón pierde el ritmo
Otro aspecto que preocupa a los especialistas es la fibrilación auricular, una arritmia cardíaca que afecta a millones en el mundo y que multiplica el riesgo de embolias cerebrales. “El corazón late de forma irregular, se forman coágulos, y esos coágulos pueden viajar hasta el cerebro”, explica Chávez.
“Las consecuencias pueden ser devastadoras: discapacidad física, deterioro cognitivo, dependencia total”, detalla. Y aquí es donde entran en juego los avances terapéuticos. Los anticoagulantes orales, como el rivaroxabán, han demostrado ser altamente eficaces para prevenir estos eventos. “Han cambiado la historia natural de la fibrilación auricular”, asegura el Dr. Alan Barrell, director médico de Chinoin.
Dr. Barrell enfatiza que, a diferencia de los antiguos tratamientos como la Warfarina, los nuevos anticoagulantes tienen menos interacciones y son más seguros. “Reducen en dos terceras partes el riesgo de complicaciones tromboembólicas”, comenta. Eso, en palabras simples, significa menos muertes y menos discapacidad.
Coágulos y trombosis: otra amenaza poco visible
Pero no todo se queda en el corazón. Las trombosis venosas profundas (TVP) son otra gran preocupación. “Cuando un coágulo se forma en las venas profundas, puede viajar hasta el pulmón y provocar un embolismo pulmonar, que muchas veces es fatal”, explica Chávez.
Por otro lado, la llamada triada de Virchow —alteración en el flujo sanguíneo, daño en la pared vascular y estado de hipercoagulabilidad— es la receta perfecta para un desastre vascular. Las causas son múltiples: predisposición genética, uso de anticonceptivos, cirugías ortopédicas, inmovilización prolongada. “El problema es que mucha gente no sabe que está en riesgo hasta que ya es tarde”, subraya el especialista.
Una buena noticia: sí hay tratamientos eficaces
Por fortuna, no todo es fatalismo. El Dr. Barrell destaca que existen fármacos altamente eficaces para tratar y prevenir estos problemas. “En el caso de la ateroesclerosis, las estatinas son la primera línea de batalla, y entre ellas, la rosuvastatina destaca por su potencia y seguridad”, afirma.
Este medicamento actúa inhibiendo la síntesis de colesterol en el hígado, lo que permite reducir los niveles de LDL y alcanzar las metas terapéuticas de forma más eficaz. “Si logramos controlar el colesterol, podemos disminuir significativamente el riesgo de eventos cardiovasculares mayores”, asegura el Dr. Barrell.
Pero aquí viene el gran desafío: el acceso y la adherencia. “No sirve de nada tener medicamentos innovadores si los pacientes no los toman adecuadamente, o si no pueden acceder a ellos por barreras económicas o de disponibilidad”, señala Chávez.
Un problema de salud pública urgente
Así, la magnitud del problema requiere una respuesta amplia, desde políticas públicas hasta campañas de concientización. “Necesitamos educar a la población sobre sus factores de riesgo y promover estilos de vida saludables”, insiste Chávez. Comer mejor, moverse más, dejar de fumar y controlar la presión arterial son pilares básicos para reducir el riesgo.
Pero también es necesario reforzar el sistema de salud. “Hace falta fortalecer la atención primaria, garantizar el acceso a medicamentos y mejorar el diagnóstico oportuno”, señala el Dr. Barrell. De lo contrario, el costo para el sistema de salud y para las familias seguirá siendo inmenso.
“Las enfermedades cardiovasculares no discriminan, afectan a hombres y mujeres, jóvenes y adultos”, destaca Chávez. Y lo más doloroso: muchas de esas muertes prematuras son evitables.
El papel de los médicos y de la industria farmacéutica
En este panorama, los médicos tienen un papel clave. “Es fundamental que los profesionales de salud estén actualizados en las mejores prácticas y sepan cómo usar los nuevos tratamientos”, subraya el Dr. Barrell. La formación continua es vital para garantizar que los avances lleguen efectivamente a los pacientes.
Por su parte, la industria farmacéutica también tiene una responsabilidad. “Más allá de desarrollar medicamentos, debemos trabajar en conjunto con autoridades, médicos y pacientes para garantizar el acceso y el uso adecuado”, reflexiona Dr. Barrell. El compromiso no termina cuando el producto llega al mercado.
Hacia un futuro con menos muertes prematuras
Como puede verse, el reto es enorme, pero no imposible. Chávez y Barrell coinciden en que, si bien la carga de las enfermedades cardiovasculares es alta, los avances científicos ofrecen una oportunidad única para cambiar el curso.
“Lo que necesitamos es una alianza entre médicos, pacientes, autoridades y la industria para enfrentar este desafío de manera integral”, concluye Chávez. Porque, al final, se trata de salvar vidas, y cada minuto cuenta.
Como bien resume el Dr. Barrell: “Hoy tenemos las herramientas para marcar la diferencia, lo que necesitamos es la voluntad de usarlas”.



