En 2026, la credibilidad será el nombre del juego
La desinformación, la inteligencia artificial y la saturación mediática redefinirán la comunicación estratégica, donde la confianza pública será el activo más valioso

Columna Conexiones Estratégicas
La comunicación estratégica enfrentará en 2026 un entorno saturado de información, desinformación e inteligencia artificial. La credibilidad se convertirá en el principal activo de instituciones, marcas y comunicadores. En particular, el sector salud vivirá uno de sus mayores retos de confianza pública.

Eric Gaxiola Aldama
Nos acercamos a 2026 y es momento de analizar lo que nos espera y cómo lo podemos enfrentar. Tendremos muchos cambios, retos y oportunidades. Será un año en el que la comunicación estratégica deberá ser más clara y responsable, especialmente en temas de salud.
Seguiremos en medio de un entorno complejo: aumento en el uso de la inteligencia artificial (IA), saturación informativa, explosión de contenidos políticos, aunque no será un año electoral. Veremos el predominio de la opinión sobre los hechos verificados. Las fake news, la posverdad y la influencia de personas con grandes audiencias harán que informar correctamente sea más difícil, pero también más necesario.
En el ámbito político seguiremos con la implementación de cambios en las políticas públicas, muchos de ellos con efectos profundos que generarán debate en distintos sectores; en economía, la revisión del T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá) abrirá discusiones relevantes para la competitividad del país.
¿Hacia un funcionamiento robusto?
Para el sector salud persistirá un sistema que no termina de consolidarse desde 2018. Esta falta de claridad mantendrá a pacientes, instituciones y profesionales de la salud en un entorno de incertidumbre. Ojalá los ajustes que vengan logren finalmente encaminar al sistema hacia un funcionamiento robusto, porque la realidad es que las enfermedades no esperan a que los procesos administrativos se definan.
A mediados de año presenciaremos uno de los momentos mediáticos más significativos: el Mundial de Futbol 2026. Este evento no solo concentrará la atención pública, sino que detonará nuevas narrativas nacionales, estrategias de posicionamiento para marcas, movimientos del turismo y una conversación social que dominará plataformas digitales y medios tradicionales. Para quienes comunican, será una ola masiva de contenidos que exigirá creatividad, análisis y disciplina.
La saturación de contenidos y la desinformación no solo continuarán: se intensificarán. Las fake news y la posverdad seguirán moldeando la conversación política y social. Veremos audiencias más fragmentadas, exigentes y desconfiadas, capaces de consumir grandes volúmenes de información en segundos, pero con menos tiempo para verificarla. La ciudadanía vivirá inmersa en un flujo constante de mensajes que, con frecuencia, se convertirán en ruido digital, dificultando la toma de decisiones informadas.
El rol de los comunicadores
Ante este escenario, el rol de los comunicadores adquiere una importancia aún mayor. Tenemos la responsabilidad de generar contenidos de calidad: precisos, verificados, empáticos, oportunos y capaces de explicar lo complejo de forma accesible. Debemos prepararnos para enfrentar la desinformación con metodologías claras, criterios éticos y una comprensión profunda de nuestras audiencias.
No podemos descuidar las relaciones con periodistas; al contrario, será necesario fortalecerlas. Ellos también enfrentan un ecosistema saturado y requieren fuentes confiables, datos sólidos, vocerías preparadas y explicaciones que les permitan transmitir información con rigor.
La inteligencia artificial debe asumirse como un aliado estratégico. En 2026 dejará de ser novedad y se convertirá en el motor analítico de prácticamente toda estrategia. Permitirá monitorear conversaciones en tiempo real, personalizar contenido, anticipar crisis, identificar patrones y mapear necesidades informativas. Sin embargo, su uso no debe reemplazar el criterio ni la supervisión humana. La IA puede procesar datos, pero no puede interpretar contextos sociales con la profundidad que requieren los temas sensibles, especialmente en salud.
Desafío: aportar claridad en medio del ruido
En cuanto a las redes sociales y los influencers, seguirán teniendo mucha fuerza. Por eso, las organizaciones necesitarán planes para responder con rapidez a la desinformación, equipos que verifiquen datos y un monitoreo constante para saber qué se dice y cómo se mueve la conversación digital. La desinformación no disminuirá; evolucionará, adoptando nuevas formas, formatos y canales.
2026 pondrá a prueba a instituciones, medios, profesionales de la salud y comunicadores. El desafío no será dominar la conversación, sino aportar claridad en medio del ruido. La comunicación estratégica deberá ser más humana, más rigurosa y más transparente. En un entorno incierto, la credibilidad será el nombre del juego.



