
Columna invitada
El gobierno federal repite el gesto simbólico de Poncio Pilatos: al exhibir a 34 farmacéuticas por el desabasto de medicamentos, intenta desviar la atención de su propia responsabilidad en una crisis provocada por malas decisiones, adeudos millonarios y un sistema de salud desmantelado.

Dip. Éctor Jaime Ramírez Barba
El gobierno federal exhibió públicamente a 34 farmacéuticas por incumplimiento en la mañanera del 23 de septiembre, replicando —según el autor— el gesto de Poncio Pilatos hace dos milenios: lavarse las manos ante una tragedia evitable. Las decisiones que desmantelaron el sistema de abasto y los adeudos millonarios revelan un intento de evasión moral y política.
Poncio Pilatos, gobernador romano de Judea, enfrentó una decisión que cambiaría la historia. Tenía la autoridad absoluta para liberar a Jesús, sabía que era inocente (“no hallo en él ningún delito”), pero eligió ceder ante la presión política del “pueblo”. Su respuesta fue emblemática: se lavó las manos públicamente, declarando: “Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros” (Mateo 27:24).
Dos milenios después, el gobierno federal mexicano replica exactamente la misma estrategia ante el desabasto de medicamentos que afecta a millones de pacientes. Tiene el poder absoluto para resolver la crisis —controla presupuestos, define políticas, maneja las compras consolidadas—, pero en lugar de asumir responsabilidad por las decisiones que causaron el caos, exhibe públicamente a las empresas farmacéuticas como únicas culpables.
La exhibición del 23 de septiembre, más que un acto de transparencia, fue una puesta en escena del poder político, diseñada para distraer la atención del verdadero origen del problema: las decisiones gubernamentales que destruyeron el sistema de abasto farmacéutico.
Las decisiones que crearon la crisis
Al igual que Pilatos sabía exactamente las consecuencias de su decisión, el gobierno federal conocía los riesgos de desmantelar el sistema de abasto de medicamentos. Las decisiones fueron deliberadas y documentadas:
- Eliminación del Seguro Popular (2019): Dejó sin cobertura a 44.5 millones de personas en 2024, sin tener un sistema de reemplazo funcionando.
- Destrucción de las compras consolidadas del IMSS: Un mecanismo que operaba “con razonable eficiencia” fue desmantelado sin evidencia de corrupción, solo con acusaciones nunca probadas.
- Creación de múltiples dependencias fracasadas: Oficialía Mayor, UNOPS, Insabi, Birmex, “Megafarmacia”: cada cambio generó más caos y menos medicamentos para los pacientes. Ahora será la Secretaría de Salud la responsable, según la iniciativa propuesta por el Ejecutivo federal y que se aprobará en modo exprés en el Congreso.
- Adjudicación a empresas sin capacidad: Se otorgaron contratos millonarios a empresas extranjeras basándose en “precios irrisorios”, sin verificar su capacidad real de cumplimiento.
El espectáculo del “lavado de manos”
La mañanera del 23 de septiembre fue una escenificación moderna del lavado de manos pilático. Eduardo Clark exhibió meticulosamente a 34 empresas con porcentajes de incumplimiento —desde Bioxintegral (100%) hasta Pisa (16.8%)—, mientras la presidenta Sheinbaum declaraba amenazadoramente que serían “inhabilitadas” y enfrentarían “denuncias penales”.
Pero ¿dónde estaba la reflexión gubernamental sobre sus propias decisiones? ¿Dónde el reconocimiento de que muchas de estas empresas fueron seleccionadas bajo criterios gubernamentales deficientes? ¿Dónde la explicación de por qué se deben más de 14 mil millones de pesos (algunas fuentes citan hasta 40 mil millones) a la industria farmacéutica establecida, mientras se exhibe a empresas improvisadas?
Como Pilatos, el gobierno se presenta como víctima de las circunstancias: “nosotros queremos el 100% de abasto, pero estas empresas incumplidas no nos dejan”. Es la misma lógica: “yo quería salvar al inocente, pero la multitud no me dejó”.
Las consecuencias de evadir responsabilidad
Pilatos creyó que lavándose las manos públicamente se libraría de la responsabilidad histórica. La historia lo juzgó diferente: su nombre quedó asociado para siempre con la injusticia y la cobardía moral. Su lavado de manos no lo exoneró; lo condenó.
En el caso del desabasto farmacéutico, la evasión gubernamental tiene consecuencias igual de graves. Mientras el gobierno “exhibe” empresas incumplidas, los pacientes siguen muriendo por falta de medicamentos que deberían estar disponibles.
Los 44.5 millones de mexicanos sin acceso a servicios de salud (comparados con 20.1 millones en 2018) y los 857,759 hogares que cayeron en pobreza por motivos de salud en 2024 son testigos históricos de este fracaso.
La diferencia moral fundamental
Hay una diferencia crucial entre Pilatos y el gobierno actual: Pilatos al menos reconoció implícitamente su responsabilidad al lavarse las manos. Su gesto admitía que tenía el poder de cambiar el resultado. El gobierno federal, en cambio, actúa como si fuera completamente ajeno al problema, como si el desabasto fuera un fenómeno natural inevitable.
Maribel Ramírez Coronel lo documenta de manera demoledora: López Obrador prometió en 2019 que México tendría “un mejor sistema de salud que Dinamarca”. El resultado fue exactamente lo contrario: más personas sin acceso a la salud, menos medicamentos disponibles y mayor sufrimiento para los más vulnerables.
La responsabilidad ineludible
El poder conlleva responsabilidad, y esa responsabilidad no se puede transferir mediante espectáculos públicos de señalamiento. Las empresas farmacéuticas incumplidas deben responder por sus contratos, pero eso no exonera al gobierno de responder por:
- Sus decisiones de contratación: ¿Por qué adjudicar a empresas sin capacidad comprobada?
- Sus adeudos masivos desde 2019 a la fecha: ¿Cómo pretender cumplimiento sin pagar lo ya entregado?
- Su diseño institucional: ¿Por qué crear un sistema más ineficiente que el anterior?
La historia como juez
Como Poncio Pilatos descubrió demasiado tarde, la historia no acepta el lavado de manos como exoneración. Los gobiernos que evaden responsabilidad ante tragedias que pudieron prevenir quedan marcados por esa cobardía moral.
El exhibicionismo de empresas farmacéuticas en las mañaneras presidenciales no salvará vidas de pacientes oncológicos sin quimioterapia. No resolverá la crisis que el propio gobierno creó con sus decisiones. Solo servirá como evidencia histórica de que, cuando tuvo el poder para actuar correctamente, prefirió lavarse las manos públicamente.
La diferencia es que Pilatos no tenía Twitter para exhibir a los centuriones que ejecutaron sus órdenes. El resultado moral es idéntico: la responsabilidad del poder no se transfiere; se asume o se evade, pero siempre se juzga.
El autor (www.ectorjaime.mx) es médico especialista en cirugía general, certificado en salud pública, doctor en ciencias de la salud y en administración pública. Es legislador y defensor de la salud pública de México, diputado reelecto del grupo parlamentario del PAN en la LXVI Legislatura.
Metadescripción:
El gobierno mexicano repite el “lavado de manos” de Poncio Pilatos: exhibe a 34 farmacéuticas por el desabasto de medicamentos, mientras evade su propia responsabilidad en una crisis causada por decisiones erróneas, adeudos y falta de planeación.
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