Dispositivos médicos: clave para industrializar la salud en México

Columna Dispositivos Médicos
México tiene la oportunidad de escalar su liderazgo exportador en dispositivos médicos hacia la innovación de alto valor. Para lograrlo, se necesita una política industrial clara, incentivos específicos y voluntad política. Es momento de leer bien esta coyuntura y apostar por la soberanía tecnológica.

Carlos Salazar Gaytán
En tiempos de transformación política, económica y tecnológica, es natural que México se cuestione hacia dónde enfocar sus esfuerzos estratégicos para garantizar un desarrollo sustentable, competitivo y soberano. Dentro de esta reflexión, la industria de dispositivos médicos emerge como uno de los sectores con mayor potencial para posicionar al país no solo como un centro de manufactura avanzada, sino como un actor relevante en la cadena global de valor de la salud.
Sin embargo, para aprovechar esta coyuntura histórica —en donde convergen nearshoring, reconfiguración geopolítica y renovación del gobierno federal—, se requiere más que declaraciones bienintencionadas. Se necesita visión industrial, alineación normativa e incentivos concretos para consolidar a México como una verdadera plataforma exportadora de tecnología médica.
Maquila o motor de innovación
Actualmente, México es el séptimo exportador mundial de dispositivos médicos y el primero en América Latina. La mayor parte de la producción está destinada al exterior, principalmente a Estados Unidos (96.7%). Este liderazgo se ha cimentado en factores como nuestra proximidad geográfica, la existencia de tratados comerciales como el T-MEC, mano de obra calificada y plataformas industriales robustas en estados como Baja California, Jalisco y Chihuahua.
No obstante, esta realidad también invita a reflexionar: aunque lideramos en volumen de exportación, buena parte de nuestros productos pertenecen al segmento de tecnología intermedia o básica, como consumibles y componentes. Son pocos los desarrollos de alta tecnología con propiedad intelectual nacional. Además, si bien muchas líneas de producción ya integran alrededor del 50% de contenido nacional, todavía hay espacio para fortalecer áreas clave como el diseño, la innovación y la automatización, entendida como la evolución hacia procesos más eficientes, escalables y de mayor complejidad técnica.
Claves de una política industrial para la salud
La pregunta no es si debemos continuar con el modelo actual —sería absurdo despreciar un liderazgo exportador—, sino cómo escalarlo hacia una política industrial de segunda generación, que apueste por la agregación de valor, la diversificación de productos, la formación de capacidades propias y la transferencia tecnológica, entendida como la incorporación progresiva de conocimiento y tecnología para beneficio directo de las empresas mexicanas.
En su esencia, una política industrial contemporánea no se basa en subsidios indiscriminados, sino en la generación de entornos propicios para la innovación, el emprendimiento y la inversión. Para los dispositivos médicos, esta estrategia debería girar en torno a cinco ejes:
Marco regulatorio inteligente
COFEPRIS ha avanzado en transparencia y eficiencia, pero el reto ahora es facilitar la homologación internacional de registros, agilizar procesos para nuevas tecnologías y desarrollar esquemas de evaluación colaborativa con organismos como la FDA o Health Canadá.
A diferencia de sectores como el automotriz o aeroespacial, el ecosistema de dispositivos médicos carece de un esquema específico de estímulos. Es momento de pensar en deducciones fiscales por inversión en I+D, créditos preferenciales para desarrolladores nacionales y estímulos a clústeres regionales. Asimismo, urge promover fondos de capital de riesgo especializados en salud y respaldar a startups mediante apoyo público-privado.
Formación de talento y compras públicas
La formación dual, las certificaciones internacionales y la actualización constante deben ser ejes estratégicos para fortalecer el ecosistema. Es crucial vincular universidades técnicas y hospitales públicos para cerrar la brecha entre la necesidad clínica y el desarrollo tecnológico. Además, el Estado debe ejercer su poder de compra de forma estratégica: privilegiar, en igualdad de condiciones, a fabricantes locales con estándares internacionales. No es proteccionismo, es visión de futuro.
El reciente decreto presidencial publicado el 2 de junio de 2025 marca un paso firme hacia una política industrial orientada a la salud. Aunque su narrativa se centra en la industria farmacéutica, incluye expresamente a los dispositivos médicos dentro de su ámbito de acción.
Centros de innovación
Establece que las compras consolidadas del sector público otorgarán puntuación adicional a empresas con inversión directa en territorio nacional, desde fábricas hasta centros de innovación. Además, instruye a Cofepris a simplificar trámites regulatorios para fomentar la manufactura local y crea un Comité de Promoción de la Inversión Farmacéutica, que también contempla a los dispositivos médicos como sector prioritario.
Esto abre una ventana de oportunidad para que este sector no solo acompañe, sino lidere esta nueva etapa de industrialización sanitaria, articulando capacidades de manufactura con inversión en ciencia aplicada e infraestructura de innovación.
Inspirarse en casos de éxito
Países como Brasil o Corea del Sur muestran que es posible pasar del ensamblaje a la innovación con políticas bien articuladas. En Brasil, se ha creado una red de polos tecnológicos en salud con incentivos y compras públicas que impulsan la industria local. Corea, por su parte, destina más del 4% de su PIB a I+D y ha convertido a los dispositivos médicos en parte clave de su matriz tecnológica.
México tiene la capacidad técnica, el talento humano y el posicionamiento geográfico para lograrlo. Lo que falta es determinación política.
Conclusión: leer bien la oportunidad
La política industrial no es moda ni ideología: es visión de país. México puede optar por seguir ensamblando tecnología para otros o transformarse en un referente latinoamericano en innovación, diseño y fabricación de dispositivos médicos propios.
Leer bien esta oportunidad significa entender que los dispositivos médicos no son solo productos: son símbolo de soberanía, bienestar y futuro.



